543,5 Horas de Adoración
250 / 250 horas
Parroquia de San Patricio, Watsonville
Aquí están los totales combinados de nuestra parroquia desde el comienzo de la Novena.
250 / 250 horas
250 / 250 obras
(para rezarse juntos durante la Misa)
Sagrado Corazón de Jesús:
Tú conoces los anhelos de nuestro corazón y deseas que disfrutemos de tu amistad.
De tu costado traspasado has derramado el manantial de vida, del que tenemos sed.
Tu corazón arde de amor para que todas las personas vuelvan a tener una relación correcta contigo.
Celebramos los abundantes dones que has brindado a esta nación, fundada en las verdades evidentes que nuestro Creador ha dotado a todas las personas del derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.
Ofrecemos reparación por las ofensas contra ti y contra la dignidad humana ocurridas en esta nación.
Que nuestros corazones se unan al tuyo, para que nuestras familias y comunidades gocen de paz y felicidad; que las relaciones dañadas se reconcilien, las injusticias se reparen y las heridas de nuestra tierra se sanen.
Que tu santa Iglesia católica sirva de signo, mostrando a todos tu amor infinito.
A ti, que eres el Deseo de las Naciones y el Centro de la Historia, te pedimos que bendigas a estos Estados Unidos de América.
Tú que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, ¡ten piedad de nosotros!
Inmaculado Corazón de María, ¡ruega por nosotros!
(para rezarse cada día del 3 al 11 de Junio, a solas o con otros)
Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo, ten misericordia de nosotros.
Señor, ten misericordia de nosotros.
Jesucristo óyenos.
Jesucristo, escúchanos.
Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Trinidad Santa, que eres un solo Dios, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, Hijo del Padre Eterno, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, formado en el seno de la Virgen Madre por el Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, al Verbo de Dios substancialmente unido, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, de majestad infinita, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, Templo santo de Dios, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, Tabernáculo del Altísimo, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, Casa de Dios y puerta del cielo, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, Horno ardiente de caridad, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, Santuario de justicia y de amor, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, Abismo de todas las virtudes, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, digno de toda alabanza, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, en que están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, en que mora toda la plenitud de la divinidad, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, en que el Padre se agradó, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos nosotros hemos recibido, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, deseo de los eternos collados, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y muy misericordioso, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, liberal con todos los que te invocan, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, colmado de oprobios, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, desgarrado por nuestros pecados, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, con lanza traspasado, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima por nuestros pecados, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de los que en Ti esperan, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que en Ti mueren, ten misericordia de nosotros.
Corazón de Jesús, delicias de todos los Santos, ten misericordia de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: ten misericordia de nosotros.
V.- Jesús manso y humilde de corazón.
R.- Haz nuestro corazón conforme al tuyo.
Oremos:
Oh Dios todopoderoso y eterno: mira el Corazón de tu amantísimo Hijo y las alabanzas y satisfacciones que en nombre de los pecadores te tributa; y concede aplacado el perdón a éstos que piden tu misericordia en el nombre de tu mismo Hijo Jesucristo. Quien contigo vive y reina en los siglos de los siglos. Amén.
(para rezarse cada día del 3 al 11 de Junio, a solas o con otros)
Amantísimo Jesús, ¡cuán grande es el amor que has derramado sobre el mundo! ¡Cuán indiferente y negligente es nuestra respuesta! Postrados ante Ti, deseamos reparar la indiferencia y los ultrajes que traspasan tu Corazón.
Alabado sea el Corazón de Jesús, nuestro Salvador y nuestro Dios.
Pedimos perdón por nuestra propia y vergonzosa negligencia. Deseamos reparar por aquellos que se obstinan en su incredulidad; por aquellos que se apartan de la luz y vagan como ovejas sin pastor; y por aquellos que han roto sus promesas bautismales y rechazan el suave yugo de tu ley.
Alabado sea el Corazón de Jesús, nuestro Salvador y nuestro Dios.
Deseamos reparar por los pecados de nuestra sociedad: por la lujuria y la degradación, por la corrupción de la juventud, por la indiferencia y la blasfemia, por los ataques contra tu Iglesia, por la irreverencia e incluso el sacrilegio contra tu amor en este Santísimo Sacramento, y por el desafío público a tu ley.
Alabado sea el Corazón de Jesús, nuestro Salvador y nuestro Dios.
Estos son los pecados por los que moriste; más ahora participamos en tu obra de reparación ofreciendo en el altar, en unión contigo, el Sacrificio vivo que realizaste en la Cruz, uniendo a él los sufrimientos de tu Madre Virgen, y los de todos los santos y de toda la Iglesia.
Alabado sea el Corazón de Jesús, nuestro Salvador y nuestro Dios.
Prometemos fielmente que, con tu gracia, haremos reparación por nuestros propios pecados y por los de los demás mediante una fe firme, una vida santa y la obediencia a la ley del Evangelio, cuyo mandamiento supremo es el de la caridad.
Alabado sea el Corazón de Jesús, nuestro Salvador y nuestro Dios.
Prometemos también esforzarnos al máximo para disuadir a otros de ultrajarte y para conducir hacia Ti a cuantos nos sea posible.
Alabado sea el Corazón de Jesús, nuestro Salvador y nuestro Dios.
Jesús, Señor, recibe este amoroso acto de homenaje junto con las oraciones de nuestra Señora, quien permaneció junto a la Cruz, nuestro modelo de reparación. Mantennos fieles, incluso hasta el punto de la muerte; concédenos el don de la perseverancia y condúcenos a todos a nuestra tierra prometida en el cielo, donde Tú, con el Padre y el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Alabado sea el Corazón de Jesús, nuestro Salvador y nuestro Dios.
La devoción al Sagrado Corazón es una forma católica de contemplar a Jesús por medio del símbolo de su corazón: no como un órgano separado, sino como la persona entera de Cristo, especialmente su amor humano y divino. La Iglesia enseña que el “Sagrado Corazón” señala a Cristo mismo, el Verbo Encarnado, cuyo amor por el Padre y por la humanidad es infinito, misericordioso y salvador. Por eso, su significado es profundamente personal: Jesús ama con un corazón verdaderamente humano, sufre por los pecadores, invita a vivir en amistad con Él y llama a los creyentes a responder con confianza, gratitud, conversión, reparación y amor al prójimo.
Está arraigada en la meditación sobre el costado traspasado de Cristo en la cruz y sobre Jesús resucitado mostrando sus heridas a los discípulos. Los primeros escritores cristianos reflexionaron sobre la sangre y el agua que brotaron del costado de Cristo como una fuente de gracia; en la Edad Media, santos como Bernardo, Buenaventura, Lutgarda, Matilde y Gertrudis profundizaron esta espiritualidad. Su forma moderna se desarrolló con fuerza en el siglo XVII, especialmente por medio de santa Margarita María Alacoque, quien promovió la confianza en la misericordia del Corazón de Cristo, mientras san Juan Eudes impulsó su celebración litúrgica y san Claudio de la Colombière ayudó a difundir la devoción. Prácticas como la consagración, la reparación, las letanías al Sagrado Corazón y los Primeros Viernes se convirtieron en expresiones duraderas de esta espiritualidad.
El papa Francisco retomó esta devoción en su encíclica de 2024 Dilexit nos, “Nos amó”, diciendo que es urgentemente relevante para nuestro tiempo. Advirtió que la vida moderna suele estar marcada por la superficialidad, la distracción constante, el consumismo y el olvido del sentido profundo de la vida; por eso escribió que “todos necesitamos redescubrir la importancia del corazón”. También señaló que el corazón sigue siendo, en el entendimiento popular, el “centro afectivo” de la persona humana, y por eso significa de manera poderosa el amor divino de Cristo unido para siempre a su amor plenamente humano. El Sagrado Corazón es una “síntesis del Evangelio”, porque reúne el misterio del amor de Cristo, su misericordia, su encarnación, su cruz y su misión.
Los obispos de los Estados Unidos consagrarán nuestra nación al Sagrado Corazón el 11 de Junio de 2026, y se anima a las parroquias de todo el país a unirse a esta consagración. El Viernes 12 de Junio, nuestra parroquia ofrecerá dos Misas, a las 5:00 p.m. en Inglés y a las 7:00 p.m. en Español, en las cuales podremos consagrarnos al Sagrado Corazón, creciendo en nuestro aprecio y comprensión de esta devoción. Como preparación, dediquemos tiempo a la Adoración, realicemos obras de misericordia y recemos las letanías al Sagrado Corazón y oraciones de reparación cada día, del 3 al 11 de Junio.
Santa Margarita María Alacoque fue una monja francesa de la Visitación en Paray-le-Monial, quien relató una serie de experiencias místicas de Cristo entre finales de Diciembre de 1673 y Junio de 1675. El papa Francisco las resume en Dilexit nos como apariciones centradas, ante todo, en una nueva “declaración de amor”: Cristo quería que su Corazón fuera conocido como el signo de su amor ardiente por la humanidad. Según su relato, Jesús le reveló las “maravillas” de su amor y le confió la misión de dar a conocer mejor ese amor, especialmente en una época en la que muchos cristianos estaban influenciados por una espiritualidad severa, basada en el temor.
La primera gran experiencia se fecha tradicionalmente el 27 de Diciembre de 1673, fiesta de san Juan Evangelista. Margarita María describió haber sido llevada a una intimidad profunda con Cristo, casi como san Juan, que descansó cerca del Corazón de Jesús en la Última Cena. El mensaje esencial no era la curiosidad por una visión, sino la revelación del amor personal de Cristo: Jesús deseaba que los “tesoros” de su Corazón —amor, misericordia, santificación y salvación— fueran derramados sobre el mundo. El papa Francisco dice que el núcleo del mensaje puede resumirse en las palabras de Cristo a ella: “He aquí el Corazón que tanto ha amado a los seres humanos” y que no escatimó nada para mostrarles ese amor.
Un segundo tema en sus experiencias fue la reparación: Jesús lamentó que su amor fuera recibido muchas veces con indiferencia, frialdad, sacrilegio e ingratitud, especialmente hacia la Eucaristía. De ahí surgieron prácticas que se volvieron centrales en la devoción al Sagrado Corazón: la Hora Santa, en la que los fieles pasan tiempo con Cristo en su agonía, y la Comunión de los Primeros Viernes, ofrecida como una respuesta de amor al amor de Cristo. La antigua Enciclopedia Católica registra que ella fue inspirada a orar de once de la noche a medianoche en la víspera del primer Viernes y a recibir la Sagrada Comunión el primer Viernes de cada mes. El papa Francisco, siguiendo los propios escritos de la santa, presenta esto no como una espiritualidad sombría, sino como Cristo pidiendo “amor por amor”: el creyente responde al amor divino con confianza, gratitud, oración y conversión.
La aparición más famosa ocurrió en Junio de 1675. Margarita María relató haber visto a Cristo revelando su Corazón, radiante y ardiente de amor, pero también herido por la indiferencia de la humanidad. De esta experiencia surgió la petición de una fiesta especial en honor del Sagrado Corazón, el Viernes después de la octava de Corpus Christi, con la Comunión y actos de reparación. Por eso la Solemnidad moderna del Sagrado Corazón está tan estrechamente unida a la Eucaristía: la devoción no se trata simplemente de una imagen, sino del don vivo que Cristo hace de sí mismo. La devoción al Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda que el amor de Jesús es personal, misericordioso, eucarístico y espera una respuesta.